miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando el gremio te da la espalda

"Si un periodista tiene una pista debe seguirla; si al seguirla corre algún peligro, debe abandonarla, pues no es un policía", escuché en una ocasión en una de las aulas de la Facultad de Ciencias de la Información de la madrileña Universidad Complutense. Hablábamos de periodismo de investigación.


Como recoge Luis Díaz Güell en su tesis doctoral 'Periodismo y periodistas de investigación en España, 1975-2000: contribución al cambio político, jurídico, económico y social' (2003), fueron muchos los escándalos que afectaban a estructuras básicas del Estado destapados por la prensa española.

El conocimiento de los casos GAL, Filesa, los 'papeles del Cesid' y los 'fondos reservados', de las irregularidades financieras de Mario Conde, Jesús Gil o Luis Roldán y las llevadas a cabo en seno del Banco de España, o los delitos cometidos por cuerpos de seguridad del Estado, partidos políticos y hasta Gobiernos ha sido posible gracias al quehacer de los llamados periodistas investigadores. Formaban parte de Cambio 16, Época, Diario 16, El Mundo, El Periódico de Catalunya, La Vanguardia, El País, Interviú, ABC, Tiempo o Tribuna, entre otros.

Es cierto, como indica Díaz Güell, que "casi siempre el medio que levanta la noticia es el que más interés tiene en seguirla hasta que la considera agotada, porque entiende que los poderes correspondientes han tomado las medidas oportunas para depurar el sistema". Pero el gran logro de elevar al máximo la definición del periodismo como azote y supervisor del poder, de poner en jaque al propio Estado, debería ser motivo de satisfacción no sólo para los periodistas protagonistas, sino también para la competencia.

Hubo un tiempo en que así era. En 1991 la Cadena Ser filtró una conversación telefónica privada entre los líderes socialistas Txiqui Benegas y Fernando Múgica y el periodista y empresario Germán Álvarez Blanco en la que se ponía en duda a Felipe González. Diario 16, ABC y El Mundo, con Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos ya por sus páginas, aplaudieron y defendieron el 'pinchazo' telefónico por el interés público de lo escuchado y anteponían la libertad de expresión a cualquier otra cosa.

Hoy, denuncia Cecilia Guzmán en elplural.com, la cosa es bien distinta. "Pedro J. calificó de 'éxito periodístico' hace 18 años lo que ahora le parece penalmente perseguible", dice la periodista en referencia al hecho de que el director de El Mundo critique firmemente la filtración de datos del sumario de la investigación abierta por el juez Baltasar Garzón en torno al caso Gürtel. Y también cita a FJL como otro de los que donde dijeron digo dicen Diego.

El periodista investigador se encuentra a menudo, o casi siempre, con trabas. La primera, la Ley. A menudo, o casi siempre, ha de saltársela, actuando de buena fe y con la verdad como meta última, siempre que el asunto sea, como en los casos visto, realmente transcendente. El problema es que también se encuentra, en no pocas ocasiones, con la falta de apoyo de los que deberían ser sus orgullosos compañeros y competidores.

* (Prefiero no citar las palabras de Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos en este blog porque no he encontrado los artículos originales; de todas formas, podéis leerlas en el propio artículo de Cecilia Guzmán).

1 comentarios:

Carlos Castillo dijo...

¡Buenísima entrada!

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