miércoles, 27 de mayo de 2009

Pedro Almodóvar responde a Carlos Boyero-Borja Hermoso


'Los abrazos rotos', el último filme de Pedro Almodóvar, ha pasado por el Festival Internacional de Cine de Cannes con más pena que gloria en cuanto a galardones se refiere, a pesar del entusiasmo que despierta el director manchego en tierras galas. Ya lo dijo él mismo en una rueda de prensa posterior a la proyección de su cinta: "Francia es el país que mejor me trata, tanto en la taquilla como en lo que se escribe; se me trata mejor aquí que en España, los periodistas escriben con menos prejuicios".

Fue su primera muestra de enfado con Carlos Boyero, crítico del diario El País, y por extensión con Borja Hermoso, jefe de Cultura del rotativo. El primero, tras el estreno en España de 'Los abrazos rotos', escribía:
[...] Y los sentimientos pretenden estar en carne viva, pero como si ves llover. Y lo que observas y lo que oyes te suena a satisfecho onanismo mental. Y no te crees nada, aunque el envoltorio del vacío intente ser solemne y de diseño. Y los intérpretes están inanes o lamentables. La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio. Y dices: todo esto, ¿para qué?
Ya en Cannes, Boyero se negó a ver de nuevo la película de Almodóvar:
[...] Como entre mis problemas no está el del masoquismo, ya la he visto en España, no quiero volver a pasar dos horas horrorosas [...]
Por eso ahora, en su blog, Pedro Almodóvar ha cargado las tintas contra la crítica de El País. Primero arremete contra el estilo de Carlos Boyero:
[...] mi única sorpresa es esa extraña muestra de pudor de Boyero utilizando el indefinido "alguien me comentaba...". Cuando leo u oigo "alguien me ha dicho, o me ha comentado..." como preámbulo de cualquier barbaridad, pienso inevitablemente en el periodismo basura. Es uno de sus latiguillos. [...] El problema es que Boyero no escribió una crítica de 'Los abrazos rotos'. Al texto que esbozó en su periódico se le puede calificar de cualquier cosa excepto de crítica cinematográfica. Un hombre que emplea el 75 por ciento del espacio para despotricar sobre mi persona (lo que ni siquiera es una novedad, porque lleva casi treinta años haciéndolo), y alrededor del 25 por ciento para despachar la película diciendo cosas como que la interpretación de los actores es "inane y lamentable" (dos de sus adjetivos favoritos) sin mostrar un sólo ejemplo que nos ayude a entenderle... Un texto en el que casi no habla de la película y por supuesto no aporta la más mínima razón en la que basar el tedio infinito que le provoca... Un texto así no es una crítica. Es una no-crítica. Y justamente cuando alguien expresa una declaración de tamaña hostilidad hacia mí lo último que su periódico debe hacer es encargarle la crítica o lo que sea de mi última película, si pretende respetar el principio de imparcialidad. Él tiene todo el derecho a escribir su opinión, pero debería publicarse en otro apartado del periódico. Es una impostura llamarle y pagarle como si fuera una crítica, porque no lo es.
[...] A estas alturas me pregunto, ¿es posible que el diario El País no encuentre a nadie mejor para enviar al festival de Cannes, el festival de cine más importante del mundo? Alguien que ame de verdad el cine, que no se queje de los horarios ni de los camareros franceses, que se excite ante la mera posibilidad de poder ver la última película de Coppola, de Tarantino, Jane Campion, Resnais, Park Chan-Wook, Ang Lee, Haneke, Lars Von Trier, etc., aunque alguna le decepcione, por supuesto. Alguien que disfrute viendo antes que ningún otro cinéfilo las películas de la próxima temporada, que en algunos casos ni siquiera llegarán a nuestras pantallas. Alguien que no reconozca que es subjetivo y prejuicioso (Boyero, dixit). Alguien que si bien no debe estar obligado a hablar bien de las películas de su país, al menos no debería esforzarse denodadamente por hundirlas. Alguien capaz de ver hasta el final la última película de Abbas Kiarostami (en el último Festival de Cine de Venecia, Boyero tuvo el cinismo de reconocer que no llegó a ver entera la película del director iraní, que se salió antes, sin que ello le impidiera escribir la crítica. Que nadie me venga diciendo que esto es libertad de expresión. Con razón, aquella hazaña mereció la sanción de varios intelectuales, encabezados por el nada sospechoso Víctor Erice, para el cual el gesto del crítico fue un verdadero insulto). Alguien que diga la verdad de lo que ve, de lo que oye, de lo que lee. Es muy sencillo, alguien que disfrute viendo cine y no machacando todo aquello que no es sino la proyección de sus propios fantasmas. Y si sabe adjetivar y no hace gala de un estilo literario macarra y amarillista, pues mucho mejor [...].
Y sobre Borja Hermoso, dice lo siguiente:
[...] En cualquier caso, su función (le he leído lo imprescindible para poder escribir esto con algo de fundamento) parece haber sido la de apoyar a su amigo Carlos Boyero en esta operación de acoso y derribo parásito en la que llevan empeñados tantos años (por razón de edad más Boyero que Hermoso). Pero dada la connivencia de ambos sujetos la dirección de El País carga con toda la responsabilidad, del mismo modo que los obispos son responsables de lo que Federico Jiménez Losantos escupe en la Cope [...].
No quiero detenerme en quién se lleva el gato al agua en esta particular batalla dialéctica, sino en la tarea del crítico y del periodista cultural. Dice Almodóvar que El País debería buscar a alguien que no se califique a sí mismo como "subjetivo y prejuicioso". Sobre lo segundo estoy de acuerdo; los prejuicios suelen acabar en falacias. Sobre lo primero, no tanto: ¿Es posible valorar una obra de arte sin subjetividad?

Lo primero de todo, la crítica periodística es un género de opinión. La misión principal del crítico es valorar la obra que se le presenta, con el fin de informar, orientar y educar al lector. Y aunque para ello debe incluir elementos informativos, el texto estará construido casi en su totalidad sobre juicios del propio periodista. Juicios razonados, argumentos lógicos y sólidos, en función de su propio criterio y desprendiéndose siempre de cualquier tipo de interés o debilidad personales y sin buscar ni el elogio gratuito ni la ridiculización de obra y autor . Pero juicios, opiniones, valoraciones subjetivas al fin y al cabo.

Tomando esas directrices básicas, me pregunto si realmente existe una buena labor crítica en los medios de comunicación españoles. Y no temo a decir que sí con algún que otro matiz. 

Primero, el lenguaje excesivamente barroco y rimbombante usado con demasiada frecuencia por el crítico. Y segundo, que en no pocas ocasiones los intereses del medio –a veces editor, en ocasiones productor del artista-obra– juegan mucho en la valoración final. Aunque en estas ocasiones la crítica no suele ir firmada. Un alivio.

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