domingo, 10 de mayo de 2009

Periodismo: ayer, hoy y siempre

Da gusto, mucho gusto leer El País los domingos. Sobre todo cuando te dedicas a esto del periodismo. Primero, por los artículos de Milagros Pérez Oliva –hoy nos habla del tratamiento informativo del brote de gripe H1N1–, defensora del lector del diario. Y también por los habituales reportajes sobre el propio oficio.


En el de este fin de semana, titulado "El momento crucial", el periodista británico John Carlin ha contactado con numerosas voces expertas para hablar de los retos a los que se enfrenta el periodismo en un futuro extremadamente incierto.

Los golpes asestados por la actual crisis económica y, sobre todo, por la revolución digital, han puesto las redacciones patas arriba. Nadie sabe qué ocurrirá en un cortísimo plazo y nadie se aventura a ofrecer grandes soluciones.

Hay, eso sí, una clara división de opiniones y que Carlin resume en tres grupos.
[...] En líneas generales hay tres corrientes de opinión: los blogueros (por así llamarlos), convencidos de que el periódico como lo hemos conocido durante 200 años y el ancien régime del periodismo empresarial están condenados a la extinción; los viejos rockeros, defensores del antiguo orden, que creen que tras una época de inevitables ajustes y transformación, los grandes buques insignia no sólo sobrevivirán, sino que emergerán fortalecidos; y los de mentes abiertas (o confusas) que observan el espectáculo con honesta perplejidad y, al estilo Dickens, no saben muy bien qué conclusiones sacar. [...]
Los primeros, según el texto, están convencidos de que el modelo de periodismo que conocíamos no se salvará y ningún otro lo sustituirá. Entre los demás, los 'viejos rockeros' y los de mentes abiertas y confusas, hay de todo. Desde los más conservadores, que apuestan por el actual modelo, que combina la edición impresa con la online, hasta los moderados, que creen que la web será el producto standard y sólo unos pocos seguirán adquiriendo la versión en papel.

Todos ellos andan estrujando los sesos para dar con un nuevo modelo de negocio y de periodismo. Con un objetivo muy claro: aprovechar la reducción de gastos que ofrece la Red y, al tiempo, obtener los mismos beneficios que hasta ahora reportaba el papel.
[...] Spencer Reiss, que abandonó Newsweek a mitad de los noventa para incorporarse a la primera gran revista de la ciberépoca, Wired, lo explica con la claridad revolucionaria que define al bando bloguero. "El plan A es publicar un diario por el método tradicional, por ejemplo en Madrid, lo cual implica cortar árboles en Escandinavia, procesar la madera para convertirla en papel, transportar el papel en barco a un puerto y después en camión a la capital. Ahí tienes un caro inmueble en el que trabaja tu extensa y costosa redacción y operan tus máquinas de impresión, con sus costosos operarios. Y todavía te queda la fase final de transportar el producto impreso a los extensos y dispersos punto de venta. El plan B es un tipo con un ordenador que aprieta unas teclas y envía el mismo producto a las pantallas de un número ilimitado de consumidores. ¿Quién gana?". [...]
Internet es, evidentemente, más barato. Pero no tan rentable.
[...] Y, como señala Phil Bennett, el ex de The Washington Post, tiene consecuencias injustas. Porque una vez hecha la gigantesca inversión, el producto final -por ejemplo, una noticia escrita por un corresponsal en Bagdad- aparece al instante y gratis en uno de los innumerables portales de Internet. "Es como construir un coche, que te lo roben y que después los asientos o las ruedas o las bujías aparezcan en los escaparates de The Huffington Post o en Google, que a su vez hacen negocio con ellas vendiendo publicidad. Sólo que en este caso el robo es perfectamente legal, claro". Rupert Murdoch dijo lo mismo, de manera más tajante, hace unos días: "¿Debemos permitir a Google robar todos nuestros derechos de autor? Gracias, pero no". El empleado favorito de Murdoch, el director de The Wall Street Journal, Robert Thomson, se ha hecho eco de su jefe al denunciar a ciertos sitios de la red como "parásitos".

Los otros grandes beneficiados del contenido periodístico de alto calibre en Internet son las empresas telefónicas que venden el acceso a la red. Mientras tanto, los que han invertido dinero en el producto lo acaban perdiendo. [...]

[...] El problema, y lo que nos devuelve a la gran pregunta de cómo seguir ganando dinero con el periodismo, es que hasta ahora se ha demostrado que la publicidad digital no se aproxima ni de cerca a la rentabilidad de la publicidad en papel. Según un estudio del reputado centro de investigación Pew, con base en Washington, pasar a producir un diario exclusivamente en la web significa perder un 90% de ingresos. [...]
En lo que todos están de acuerdo es en la supervivencia de la figura del periodista. Salvo los blogueros más radicales, que confían más en aquello que dieron en llamar periodismo ciudadano y en redes del estilo Facebook.
[...] El gran consuelo del periodista, o del que aspira a serlo, es que lo que él hace no es una moda fugaz. Ha existido y ha estado en ininterrumpida demanda desde mucho antes de la aparición de Internet; mucho antes de la primera imprenta; mucho antes, incluso, que la invención de la rueda. Hace 30.000 años había un grupo familiar o tribal que se sentaba alrededor de un fuego en una cueva. Y ese grupo tenía necesidad de oír las noticias del día o de la semana o del mes. No tenían fotógrafos, pero sí especialistas que cumplían el mismo papel: los que dibujaban la caza del mamut en la pared. No tenían periodistas, escritores como los de hoy, pero sí contadores de historias, gente con un don o una pasión por observar las cosas y relatarlas de manera convincente y entretenida. Y la familia o la tribu se sentaba alrededor del fuego y escuchaba con interés, pavor, risa o una mezcla de las tres cosas cómo el contador de historias narraba la caza del mamut de esa mañana, cuándo y dónde y cómo ocurrió, qué peligro tuvo la acción, qué emociones sintieron en el momento que entendieron que el animal era el que iba a morir, y no ellos.

En vez de la caza del mamut hoy tenemos fútbol, política, guerras, crisis económicas, arte, vidas de famosos. Hasta que los circuitos interiores del sistema cerebral humano cambien de manera radical, existirá un mercado para los que lo cuentan. [...]

[...] Existe una diferencia entre escribir y teclear. En el Senado de Estados Unidos lo preguntaba esta misma semana John Kerry, el candidato presidencial del Partido Demócrata en 2004: ¿serán los periodistas ciudadanos, los blogueros y otros capaces de producir periodismo de alta calidad? La respuesta, según Kerry, es evidentemente que no. Los que poseen más conocimiento profesional, los que escriben con más gracia o elegancia, los que poseen más conocimiento, los que dedican más entusiasmo a su trabajo, los rigurosos, los que arriesgan más, los que salen a la calle a informarse: ellos, como en cualquier otra rama de la vida, triunfarán. [...]
No sabremos si seguiremos leyendo la información en papel o lo haremos sólo en la web, o en ebooks o en cualquier otro soporte que pueda aparecer en el futuro. Pero debemos confiar en que esa información seguirá siendo recogida, tratada y suministrada por profesionales.

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