lunes, 19 de abril de 2010

Mashups en el Máster de Periodismo de ABC

Clase de Ciberperiodismo con Jesús Flores. Hemos aprovechado la recta final del curso para abordar el tema de los mashup y los mapas de información. Cada uno hemos el creado el nuestro.


Ver Pasión por Ferrol en un mapa más grande


Este está realizado en base al programa litúrgico y cultural de la pasada Semana Santa ferrolana. Me ha parecido interesante volcar el típico folleto turístico en Google Maps.

Y recupero el primero que hice: Mapa de la libertad de prensa.

viernes, 9 de abril de 2010

Tú: ¿por qué haces periodismo?

Discutíamos el pasado miércoles en el aula del Máster de Periodismo de ABC, con Juan Antonio Vizcaíno,  profesor de la Resad y ex director de la revista Teatra, por qué Larra se dedicó al periodismo. Con su ejercicio consiguió cambiar el oficio, lo hizo moderno; no olvidemos que también lo profesionalizó (ganó dinero con él, vamos). Extendamos las tres cuestiones que planteamos en ese coloquio a todos aquellos que son o quieren ser periodistas.

¿Por qué? ¿Para satisfacer la vanidad personal? ¿Para tener una forma con la que ganarse la vida? ¿Para ejercer una función social?

¿Quizá, simplemente, porque nos gusta esta profesión?

miércoles, 7 de abril de 2010

La máscara de las palabras

Cuando las tardes de verano las pasábamos tirados en la leira, la abuela Carmen nos decía, con retranca, que estábamos folgados. En gallego, leira no es ni una huerta ni un jardín; es algo diferente para lo que llevo tiempo buscando traducción sin resultado. La segunda palabra, folgados, que la madre de mi madre pronunciaba con espesa gheada galaica, nos causaba gracia a mi hermana, mis primos y a mí. Pensábamos que la abuela se había inventado un idioma. Jamás habíamos escuchado tal cosa a ninguno de los profesores que en la escuela nos enseñaban el gallego normativo u oficial. Descubrimos después que se trataba de una cuestión de precisión. Folgado significa desocupado, pero dicho con ironía, como hacía la abuela, era otra cosa, algo más que no tener nada que hacer.

Con esa misma precisión verbal me diagnosticó el médico a los diez años una rinitis, y, aunque por los síntomas y el tratamiento pudiera parecerlo, no es una alergia. Y en la universidad o en el periódico me he encontrado con sentencias y otros escritos judiciales, auténticos trabalenguas, que los juristas redactan de forma barroca porque así como no es lo mismo rosita que rosa claro, no da igual decir "derecho a" que "libertad de". Y los economista distinguen con cuidado detalle entre beneficio e ingreso, que tampoco son la misma cosa.

La abuela, el médico, el abogado y el economista utilizan quisquillosos vocabularios con un carácter totalmente funcional, para que los nietos, los clientes o quien quiera que se cruce con ellos les entienda.

En el periodismo hay de todo. Algunos columnistas, por ejemplo, imitan el tono del madrileño de toda la vida o del viejo hombre de Castilla o del cainita exaltado. En la prensa de Galicia los hay que se empeñan en imitar las voces enxebres –que significa algo así como propio, autóctono, puro– para sumar puntos en su carnet de galleguidad. Estos escritores suelen reproducir el léxico de cualquier clase social, bien urbana bien rural, y en definitiva del ciudadano de a pie. Es un buen punto de equilibrio entre el uso estético y el pragmático de la palabra: da a la columna estilo e incluso parece que su autor ha bajado de su torre de marfil, está apegado a la calle y forma parte de la masa.

La masa, que por concreción llamamos audiencia o lectores u oyentes –escuchantes dicen algunos de forma muy, muy precisa–, suele preferir esos escritores "cercanos" y neocostumbristas antes que los que se hacen la pluma un lío intentando dárselas de jurista, economista o "experto en". Luego están los tremendamente literarios, y la gente suele decir de ellos que escriben muy bien, aunque no tenga ni pajolera idea de lo que dicen en sus artículos.

Al disfrazar el discurso con palabras perdidas y verbos excesivamente bellos corremos el riesgo de convertirnos en escritores de frases bonitas. Lo que queremos, o deberíamos desear, es tener algo que contar y saberlo contar.

martes, 6 de abril de 2010

Qué bien escribe pregunta este periodista

El periodista estadounidense Walter Cronkite entrevista al presidente Kennedy en septiembre de 1962 para la cadena CBS

Como no cumplo a rajatabla lo de llevar siempre encima libreta y bolígrafo, he olvidado a quién escuché o leí decir, no hace mucho, cosa de un mes más o menos, que la entrevista es una suerte de género menor. Que no supone ningún esfuerzo para el periodista y que todo el trabajo corre más bien por cuenta del entrevistado.

Pero el periodismo es más que escribir. Y sobre todo es más que escribir bonito, más que un ejercicio de lucimiento personal. La entrevista requiere:
  • Conocer al personaje al que nos enfrentamos; para ello hay que recoger toda la información posible sobre él.
  • Elegir las preguntas adecuadas, dar en el clavo; imposible de llevar a cabo sin esa buena documentación previa.
  • Saber escuchar: la entrevista periodística no es lanzar preguntas y captar la respuesta, es mantener una conversación en la que el periodista debe estar lo más atento posible; de esa atención dependerá el ritmo que el redactor consiga dar a la pieza.

Al final, con suerte, el periodista lanzará una veintena de preguntas de una línea o dos de extensión como máximo. Evidentemente, no podrá lucirse literariamente, pero no se trata de que la pregunta sea más importante que la respuesta del personaje. Consiste en saber preguntar, en saber conversar.