miércoles, 28 de julio de 2010

¿Cómo contamos la crisis?

A las diez y media de la noche, en los andenes de la estación de metro de Avenida de América, una mujer grita: "¡Que estoy en el paro y me arruinas!", mientras zarandea al joven ladronzuelo que le acaba de robar el bolso, la cartera o vete tú a saber qué, porque yo acabo de bajar de esa atalaya que es la redacción —todavía estoy pensando en activos financieros, riesgo soberano y test de estrés— y no me he enterado.

La escena es un fotograma de la verdadera crisis, la recesión de la economía real. A la víctima del pequeño hurto, el robo le duele hoy más que ayer;  al ratero, el apretón de cinturón de las clases medias le ha puesto a "trabajar" de sol a sol, a plena luz del día, a la vista de todos y con menos disimulo.

Cada día se ve a más chorizos por Avenida de América, pero también por la Gran Vía o la Puerta del Sol. Lo retrataba muy bien el periodista Jesús Duva en dos artículos publicados hace poco más de un año en El País. Un exquisito retrato del corazón de la jungla urbana, donde Nadia es la reina de los niños rateros.

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