martes, 24 de agosto de 2010

El valor de una fotografía dura

Fotografía: EFE

Muy pocos fueron los que ayer protestaron por estas imágenes publicadas por los medios a raíz del  último macabro asesinato en México. "Sobra la foto", decía un lector de ABC. "No se deberían publicar este tipo de fotos. Hacen el juego a los que quieren sembrar el terror y hieren la sensibilidad", opinaba otro. Sólo dos voces críticas entre más de 60 comentarios que tiene la noticia a la hora de publicar esta entrada.
De la misma opinión que ese último lector citado es un periodista mexicano —y disculpadme por no recordar ni su identidad ni dónde pude escucharlo— que hace unos días comentaba en una tertulia televisiva que no sólo estas fotografías sino también cualquier noticia respecto a los crímenes del narco de ese país no es si no una forma de publicidad para los delincuentes. Y que por lo tanto deberían ser obviadas por todos los medios de comunicación.

"Hay que fotografiar los muertos para hacer énfasis en que hay muchos, que se trata de una guerra", comentaba el fotoperiodista Alejandro Cossío, último ganador del premio de fotografía Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, en una entrevista reciente a El País. Porque aunque se ha extendido la teoría de que estas imágenes no aportan nada y sólo alimentan el morbo, no todos pensamos igual. La denuncia y la crítica enraizadas en muchas de estas instantáneas suele ser más fuerte que el qué, el cúando, el dónde y sobre todo que el cómo.

Vaya por delante que hay unos principios y unos mínimos inviolables que sí o sí debemos cumplir a rajatabla. Pero eso no nos debe llevar nunca a ocultar la realidad. Por dura que sea. Vivimos entre violencia y muerte. Incluso la consumimos. ¿Por qué entonces taparse los ojos cuando de verdad esa cruda cotidianidad merece toda nuestra atención?

Ante la duda (¿publicar o no publicar?), estas dos preguntas son muchas veces más que suficientes: ¿respeta los límites?, ¿qué aporta?

0 comentarios:

Publicar un comentario